Te fuiste, una fría madrugada de 14 de febrero... "Día de San Valentín". Quién lo diría. Fue inesperado, pues siempre fuiste bueno, y fiel, a pesar de haber subido de apoco los precios. No importa, nos dijimos, pues en todos los locales pasa lo mismo. Fuiste al cuna de amistades, amistades con mozos. A expensas de grandes propinas claro, pero nos pudimos ganar una doble ración de pebre siempre que lo quisiéramos y un cordial saludo que nos reconocía como "clientes frecuentes", y probocaba miradas en los menores de que decían "yo quiero ser como él". Todavía recuerdo cuando te encontramos por primera vez, cuando al jornada completa del colegio era de casi dos horas y podíamos ir a comer a donde se nos diera la gana a pie. Teníamos el uniforme del coleigo, y fuimos detenidos por una promoción de churrasco con papas fritas y bebida o té o café, por solo $990. Pasamos, nos sentamos en la barra, y conversamos con el mesero, quien no reconocía nuestro colegio (sad). No importa. Volvimos. Y no una vez. Volvimos por cuanto se nos ocurriera. ¿Que quieres hablarme de algo? Paola. ¿Vamos a comer algo? Paola. ¿Hay que hacer tiempo? Paola. Hasta íbamso sin saber por qué, pero no importa. Por que ya no estás. No importa, por que te dejamos de lado antes de que pudiéramos decirte adios.
"¿Quién lo hizo, y por qué lo hizo?.
Una campana de cocina grasienta. Una maldita campana.
Adiós Paola. Adios mesero buena onda de nombre incógnito. Adiós Cuarto de pollo con arroz, pebre y papas fritas. Adiós churrascos. Adiós completos gigantes con chucrut. Hasta nunca. See ya funny man.

El "melancólico" Leo