"I want you to hit me as hard as you can..."
Era una noche de viernes normal, alrededor de las 22:00 en el viejo y grisáceo Valparaíso. No era tan tarde, de hecho, probablemente habían miles de porteños que recién estaban comenzando a disfrutar de la noche. Una de esas tantas personas era Alberto.
Alberto... Tienen que conocerlo. Es un chico bastante flaco, atlético y flexible como el plástico. Además, siempre ha sido una persona muy cálida y "tela". Ahora, cosa distinta era verlo en la calle. Normalmente, si veíamos al Alberto caminando por las calles de Valpo, siempre estaba sosteniendo rígidamente su mochila, caminando bruscamente como una mole, y con su rostro turbio y brígido, cosa que llamaba mucho la atención a los maleantes y busca-pleitos del plan.
Alberto junto a sus amigos (la mayoría de ellos vecinos míos, además de mi hermano), había estado practicando en el último tiempo combates amateur, pero con los que habían conseguido excelentes resultados. Todos estaban hechos unas bestias para pelear. Claro, el problema es que a la mayoría los había tornado un tanto sicóticos, neuróticos, explosivos y agresivos. Partiendo por el tranquilo y amigable Alberto.
Mientras caminaba por Valparaíso a esas horas, a la altura de la Municipalidad si mal no recuerdo, con su andar de persona hostil que ya mencioné, escuchó un súbito ruido de golpe, cosa que provocó que girara su cabeza para ver que era lo que había provocado tal ruido.
Tres escolares. Uno de ellos le había pegado a un tipo calvo que andaba por ahí.
Alberto se quedó mirando, con su cara de pocos amigos, lo que provocó la alteración de los energúmenos y arrogantes jóvenes.
"A mi nadie me falta el respeto weón"-dijo uno de ellos, quien se acercó sólo para conectarle un muy buen codazo en el cuello. Alberto quedó pasmado, pensando sólo en "Que chucha...". Habían interrumpido su enmascarado universo de paz, sólo para despertar su incontrolable sed de lucha que nacía sólo entre amigos durante las noches en el gimnasio del Condominio.
Sin pensarlo más, atinó con el segundo de los escolares que se acercaba hacia él, quien le intentó lanzar un gancho al rostro. Alberto lo desvío con el brazo, le lanzó un golpe en el riñón y luego, mientras el escolar se doblaba y agachaba el rostro, pensó "Son tres... Mejor me aseguro a uno al tiro", así que le conectó una patada (si hay algo en lo que el Alberto era un experto, eran en las patadas) en la pera, dejándolo botado en el piso. Se acercó el segundo fracasando también, dado a que nuestro sicótico personaje le mandó un golpe en el rostro seguido de un poderosísimo rodillazo en la costilla, el cual probablemente le rompió alguna (dicen que producto del golpe, ¡Quedó con un moretón en la rodilla!). Quedaban solos, Alberto y el primer escolar que comenzó la pelea. "Ya po guatón, tírate po, a ver, ataca"-decía Alberto mientras saltaba en posición de ataque, prendidísimo producto de la pelea.
El Alberto en la foto, a la izquierda, peleando con quien me contó la historia.
El ruido de unos pasos arruinaron todo. Apareció de la nada una persona con una correa. Era el calvo a quien los escolares recientemente habían golpeado. Comprendió entonces Alberto que el calvo estaba de su lado. "Ya po guatón, ataca, ahora son dos contra uno"-dijo el desconocido calvo. Fue entonces cuando Alberto volvió en conciencia, se dio cuenta de que la paliza ya había bastado y comprendió que ahora quedaría la grande. Ya no era un asunto suyo.
"Compadre, yo no te conozco, yo no te conozco"-le dijo al calvo, y corrió escapando del lugar de la masacre. De su masacre...
Suena mucho más emocionante contada en la vida real y con imitaciones. Así fue como me la contó un amigo de mi hermano ayer. Y no es la única. El Alberto y otros personajes han protagonizado otras cuantas peleas dignas de ser grabadas. Esto mientras yo, mi buen amigo Bicho, y el desaparecido Play escuchábamos aténtamente, entre pláticas sobre lucha y artes marciales. Y ahora no puedo dormir tranquilo. Necesito una dosis de eso. Tengo que reponerme físicamente durante estas vacaciones, y con ayuda de mi hermano, entrenaremos haciéndonos puré (probablemente yo sea el único hecho puré). A golpear paredes para endurecer las manos. A dejarme golepar para endurecer el cuerpo. A recibir patadas, pasar botado en el piso, y sufrir los duros golpes en el estómago. Como diría Bob: "¡Estoy listo!". Así que si durante las vacaciones me ven machucado, lleno de moretones, o simplemente inválido, ya saben producto de que es. ¿Alguien me desea acompañar?
El "Chiflado, violento y enfermizo" Leo
Nota curiosa: Alberto, mi hermano y todos sus amigos luchadores son ex-alumnos del colegio, la mayoría egresados el 2002.
Nota curiosa 2: La cita que da título a este artículo es del Club de la Pelea.








Camila dijo
Hola leito... recien vengo llegando de la casa de mi washa Cata XD
pusha que la pasamos bien ayer no?... parecen que las cosas si van resultando, toy muy feliz por eso :p
¿y ésta era la historia que tanto te emocionaba contarme ayer?... parece que Alberto es una leyenda de las calles de Valparaíso :D
uyyyy!, ahora en el verano me darás miedo!, todo preparado para pelear al 1er estímulo... ojalá que no sea tan así pos, no vayamos a pelear en vernao! ^^
yiaps... nos vemos pues!
TKM
*°o.O CaMiLa O.o°*
20 Noviembre 2005 | 05:27 PM